¿Generación perdida?

Sara PachoSara Pacho
mayo 18, 2011
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Fuente foto:stock.xchngÚltimamente la misma conversación se repite con unas y otras personas. Es curioso observar cómo han cambiado nuestras preocupaciones sin apenas darnos cuenta. Ya no hablamos de amores platónicos, ni de la ropa que nos pondremos para salir el fin de semana. Quedaron atrás las dudas sobre qué estudiar o qué actividad escoger para el tiempo libre. Todo eso parece ya superado. Aquellos vientos que tantas tempestades sembraron hoy  no son más que una agradable brisa.

Elegimos qué carrera estudiar. Acabamos la carrera. Elegimos seguir estudiando. Un máster. Otra carrera. Idiomas. Todo es poco. Queremos formarnos, pero, sobre todo, queremos ser eternos estudiantes, no salir del país de Nunca Jamás.  Agotamos todas las excusas y aun así, optamos por una nueva. Todo vale. Un curso en el extranjero. Otro máster, esta vez online. Un curso de especialización. Cualquier cosa con tal de estar más que cualificados: sobrecualificados. Y conseguimos algo que no estaba en nuestros planes: ser la generación perdida.

Es demasiado tarde para nosotros, aunque aún pensemos que nuestro momento está por llegar. No somos derrotistas, a pesar de que para unos trabajos nos falte experiencia y para otros nos sobre formación, a pesar de que algunas ofertas de empleo exijan al hombre orquesta y otras una profunda una preparación más especializada. Nos ha caído la crisis encima y para cuando salgamos de ella es posible que otra generación -más joven y fresca-  nos arrebate lo que nosotros no tuvimos al terminar nuestro paso por la universidad.

Por eso protestamos, porque, como he oído varias veces en estos días, “estamos hartos de estar hartos”. La frustración lleva a la desmotivación casi inevitablemente, pero también nos obliga a alzar la voz. Los jóvenes no somos el problema: tenemos que ser la solución. No podemos conformarnos con ser la primera generación que viva peor que sus padres, cuando no hemos dejado de escuchar que lo hemos tenido todo.

Pero es de valientes seguir luchando y hacerlo con la sonrisa en la boca, saltando de beca en beca como quien cruza un río de piedra en piedra intentando no caer, conociendo condiciones penosas y gente estupenda con la que comentar lo que nos ha tocado vivir. Al final, toda esa gente es la que te da ganas de seguir, es con la que te convences día a día de que esto puede tener un feliz final. Es la gente que te felicita cuando encuentras un trabajo o cuando saltas a otra empresa conservando tu eterna condición de becario. Es la gente que te anima cuando decides dedicarte en exclusiva al máster o volverte a casa de papá y mamá a preparar una oposición.

Esta generación, la mía, tiene demasiadas cosas buenas como para perderse en el olvido. Las circunstancias no acompañan, pero somos fuertes y estamos preparados. O, lamentablemente, pre-parados.

Me niego a pensar que somos en realidad esa generación perdida. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme, ¿qué nos espera ahora?

Fuente foto: stock.xchng

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