Un año con estrella

maria cuevas
julio 12, 2011
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Imagen de A.Iniestra tras marcar el famoso gol. DeviantART by_staravindur

Imagen de A.Iniestra tras marcar el famoso gol. DeviantART by_staravindur

Ayer fue un día especial. A pesar de no ser una apasionada del deporte por excelencia en este país, el fútbol, y de haberlo manifestado ya en este blog, he de decir que me alegré, y mucho, cuando hace un año la Selección Española de Fútbol, La Roja, como se la conoce, ganó el Mundial de Sudáfrica. ¡Qué alegría!, ¡Cuánto júbilo callejero de madrugada!

Recuerdo los dos días de juerga, y el recorrido ultra largo del equipo por todo Madrid   -menos mal que esta vez a Ramos no se le escurrió la Copa-, la demora de la programación en la televisión, y en general, la programación de todos. Aquí nadie hacía planes hasta que no hablase un poco Pepe Reina. Luego después ya podíamos volver a la realidad y ver los Informativos, salir a cenar, o lo que fuese menester, pero hasta entonces: ¡ni moverse del sitio!

El más entrañable fue Iniesta, el “héroe” del encuentro, el culpable de tanta celebración, el chico que tan sólo quería enseñar su camiseta, que recordaba a su amigo fallecido. ¡Qué chaval más majo! Parece inofensivo pero… telita con Andrés, ¿eh? ¡Qué golazo!

Pues eso, que su humildad es tan acentuada que no puedo dejar de recordar cómo se ruborizaba cuando Zapatero le felicitaba en la Moncloa y le pedía que dijese unas palabras… y él, super  cortado, sólo acertó a decir: “si lo sé, no marco el gol”.

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Yo, que soy más de baloncesto, ya me frotaba las manos, pensando en que, tras una, llega otra, que estábamos de enhorabuena: fútbol, ciclismo, tenis, motos, triatlón y un sinfín más… pero… bajemos los pies a la Tierra: la gente no gana títulos así como así; es bastante difícil, y conseguir las cosas cuesta mucho trabajo. Todo ello supone un esfuerzo extra para los jugadores, que ya se sacrifican mucho durante el año con sus clubes. En efecto, eso es lo que le pasó a la crème de la Selección Española de Baloncesto: Pau Gasol. Agotado de la temporada con Los Ángeles Lakers en la NBA, y habiendo competido rozando el límite de esfuerzo, el desgaste hizo mella en él y no se sintió con energías suficientes para comprometerse a ir al Mundial. No digo yo que no se ganase ese Mundial porque no estuviese Gasol (Pau, que Marc sí estaba). Teníamos un equipazo para ganar el Mundial de Turquía, pero, simplemente, no pudo ser; y en eso consiste el espíritu de deportividad, en saber ganar, y también en saber perder.

Ya veis que yo me emociono solita con estas cosas. Alguna vez incluso he soñado que comentaba partidos, que pillaba por banda a Llull después del partido, micrófono en mano, para conseguir sus declaraciones… en tal caso, una de dos: o iba a tener que estirar mucho el brazo o ponerme unos tacones de 20 centímetros para correr tras él por la pista, creo yo… pero bueno, como soñar es gratis, en mis sueños no se reflejan esos inconvenientes.

Lo que no he contado es qué pasaba cuando me despertaba al día siguiente. Pues bien, decía: “¡esto es una premonición, seguro!” y me informaba de los másteres de periodismo deportivo que podía hacer. Hay una gran variedad: el de la URJC, el de CEU San Pablo, el de la UEM, el de la UIC… vamos, que si finalmente no cumplo mi sueño freudiano, ¡no será porque no tenga ofertas de másters deportivos!

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