Talento: Ni necesario ni suficiente para lograr la excelencia educativa

Competencias de aprendizaje e innovación, Competencias profesionales, Lo que todo docente del Siglo XXI debe saber y enseñar Añadir un comentario

El especialista en educación, Marcelo Cabrol, publicó en su blog un post donde examina con lupa la realidad de la excelencia en la educación como parte fundamental de la misma, las verdades  y mitos que se tejen en torno a las suposiciones que me permirité compartir con ustedes en este blog por ser de suma importancia para todos los docentes y comunidad universitaria en general:

Cuando uno lee el “The Genius in all of Us” de David Shenk, no puede evitar subirse al trapecio de la discusión sobre talento versus práctica.  Y de allí, el salto al tema de educación de excelencia es inevitable.

Cuando uno se enfoca en los estudiantes que son considerados excelentes según su desempeño en la prueba de PISA, se observa que solamente un 1% de los jóvenes latinoamericanos que participaron de dicho examen caen en esa categoría. Esto, sin duda, es alarmante. Sin embargo, quien infiera de estas cifras que nuestros estudiantes son menos talentosos, está equivocado.  En realidad, no es ni siquiera una cuestión de talento, porque el talento está sobrevaluado.

La excelencia es, en realidad, una cuestión de lo que Geoff Colvin llama “practica reiterada” (mi traducción de deliberate practice). Cuando se piensa en educación, la “práctica reiterada” descansa en las capacidades del maestro para que el estudiante logre:

Estrechar su conocimiento individual más allá de las habilidades que haya adquirido hasta ese preciso  momento. Para eso, las lecciones tienen que estar diseñadas para tener diferentes puntos de “entrada” y de “salida”, tanto de contenido como de tiempo para la adquisición.  La misma lección para todos termina desalentando a los alumnos que aprenden más rápido y perjudicando a aquellos que aprenden más lentamente.

Auto-regularse comenzando por establecer sus propias metas, pero no de cualquier tipo ni solo las más obvias. No basta con ponerse metas de resultados—condición necesaria pero no suficiente–sino que es necesario ponerse metas inmediatas sobre el proceso para alcanzar los resultados. Qué debe hacer el estudiante hoy para mejorar lo que hace no es un mero juego de palabras sino que es una fórmula para el éxito.

Observarse y evaluarse a sí mismo. Esto se asocia al concepto de meta-cognición o la capacidad de reflexionar sobre el pensamiento de uno mismo, es decir de autoevaluarse.  Esta idea arroja por la borda los esquemas estandarizados de evaluación—pero no la necesidad de la evaluación. En un esquema de “practica reiterada” dice Colvin, los individuos eligen “compararse con sus mejores resultados personales con aquellos competidores que esperan enfrentar, o con aquellos que son los mejores en su campo”.

Recibir y aprovechar una retroalimentación cualitativamente distinta.  La meta-cognición pone en el banquillo el concepto tradicional de retroalimentación.  No basta con que el maestro analice el trabajo del estudiante para guiar sus pasos sino que lo debe hacer a la luz de las metas que el estudiante mismo ha definido.

angela vasquez oliver

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