¿Los profesores necesitan ser incentivados?

Angela VásquezAngela Vásquez Oliver
septiembre 28, 2011
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Atraer personas calificadas a la profesión docente, retener a estos maestros calificados, proporcionarles las competencias y conocimientos necesarios y motivarlos a trabajar duro y esforzarse al máximo es probablemente el principal desafío en el ámbito de la educación, estas son las pautas básicas que la especialista en educación del Banco Mundial, Emiliana Vegas, cree fundamentales para superar la desigualdad social y económica existente en toda América Latina.

La evidencia internacional sugiere que las diferencias en las estructuras de incentivos docentes pueden afectar a quiénes optan por ingresar a la carrera de pedagogía y permanecer en la profesión docente, y también a su trabajo diario en el aula. Por ello se puede mejorar la calidad de la enseñanza y el aprendizaje a través del diseño de incentivos eficaces para atraer, retener y motivar a maestros altamente calificados.

¿Cuáles son estos incentivos docentes?

¿Son éticamente correctos estos incentivos?

El reconocido periodista y educador León Trahtemberg publicó en su blog a inicios de esta semana un post donde cuenta una anécdota en una mesa redonda sobre liderazgo realizada por el Washington Post el 19 de Julio de este año donde el psicólogo Howard Gardner repondió a la pregunta “¿Cuáles son los incentivos adecuados para los profesores?” que la pregunta en sí misma es desagradable porque implica que los profesores para trabajar bien necesitan incentivos, ya sea en forma de premios (dinero) ó reprimendas  (miedo a la pérdida de beneficios o la posición).

“Lo correcto debería ser que se comportasen ética, legal y científicamente como cualquier otro profesional (médicos,ingenieros, abogados); es decir, actuar como expertos que se han certificado para realizar tareas propias de la especialidad, contando con la debida autonomía para emitir juicios complejos en condiciones de incertidumbre. Cuando se equivocan, deben asumir la responsabilidad de su error, tratar de aprender del mismo y reparar.”

Trahtemberg afirma que este paradigma se ha visto golpeado desde que impera la hegemonía del  pensamiento de mercado que considera a todos los profesionales como trabajadores que ocupan una plaza en el mercado, sujetos a la oferta y  demanda, que trabajan para acumular recursos aplicables a su bienestar. Para mantenerse en la plaza, deben dar cuentas a través de los resultados en  pruebas o algún otro resultado fácil de medir del que dependerán las recompensas o sanciones.

Afirma a demás que esos no son los profesores que se encuentra en Finlandia, Singapur, Corea del Sur, países líderes en las evaluaciones internacionales del desempeño de los escolares (medidos con las pruebas PISA).  “Allí tienen un enorme prestigio social y un ingreso económico del más alto nivel, lo que permite al estado escoger a los candidatos con mayor capital humano y social para la profesión docente. Lo contrario ocurre en Estados Unidos y Latinoamérica donde los  sueldos de los profesores son una minúscula proporción de lo que se paga a  los abogados, banqueros y otros profesionales, y dónde se les trata acorde con  las reglas del mercado.”

Al final de la mesa redonda, Gardner concluyó que en lugar de jugar con los incentivos, debemos trabajar más por procurar un alto grado de profesionalización de los educadores pues de lo contrario, “solo estamos reordenando sillas en la cubierta de un barco que se hunde”.

> Revisar el artículo completo de Emiliana Vegas publicado en la Revista de Educación, 340.  Mayo-agosto 2006, pp. 213-241 241

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