“El freno para aprender una lengua está relacionado con la adolescencia”

Santiago OrtizSantiago Ortiz
marzo 5, 2012
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Juan Uriagereka, uno de los catedráticos más comprometidos con la bio-lingüística, una disciplina que trata de definir cómo llegó el lenguaje a ser parte del patrimonio biológico y cognitivo del ser humano, hace referencia a la importancia del aprendizaje de idiomas desde la niñez. Él sostiene: “el estado normal de las personas es hablar tres o cuatro lenguas”

¿Cuál es el límite de lenguas que puede aprender el ser humano?

JU: Puede aprender todas desde el punto de vista de que el bebé es capaz de acabar hablando cualquier lengua que existe en el mundo. Si se le dan a un bebé sonidos de una lengua totalmente exótica, como las lenguas de clic que se hablan en el desierto de Kalahari, algunas de las cuales tienen decenas de tipos diferentes de crujidos, el niño distingue perfectamente los clics que al resto de los mortales nos sonarían todos iguales. A los seis o siete meses el bebé pierde la habilidad para procesar todos esos signos universales y cada uno se especializa en una lengua.

¿Cuántas lenguas puede acabar procesando ese niño?

JU: No hay una respuesta clara porque experimentar con bebés no es ético. Pero, por la información que tenemos gracias a las personas mayores, parece ser que el estado normal del ser humano es hablar tres o cuatro lenguas en situación nada traumática. Lo raro es precisamente lo contrario. Por ejemplo, en China el desarrollo ha acabado imponiendo una sola lengua. Eso es extraño desde el punto de vista histórico.

¿A qué edad se frena la capacidad de aprendizaje?

JU: Mi sospecha es que es una cuestión hormonal ligada a la adolescencia. Parece claro que el freno a esa capacidad de esponjas que tienen de niños está relacionado con la situación hormonal de la adolescencia, muy complicada y que aún no entendemos muy bien. Cuando lleguemos a entender mejor a nuestro cerebro, se podría precisar con más detalle esa frontera, pero está claro que aprender una lengua a los 20 años no es lo mismo que a los cinco.

“Adquirir de niños una lengua es una necesidad y aprenderla de adultos, una lotería”

JU: Está claro que hay una lotería biológica, y algunos, cuando les suceden los cambios hormonales, tienen más suerte que otros. Por eso hay que ser muy cautos. Creo en esta definición, por eso he apostado por que mis propias hijas sean bilingües. Hablan perfectamente inglés y español, van a una escuela bilingüe en Washington, y también saben alemán por su madre. Esa es la apuesta que hay que hacer con los niños. Y con los adultos, todo el tacto del mundo cuando se les exige saber determinados idiomas.

¿Qué mejor inversión que un sistema educativo enseñe dos, tres o más lenguas incluso, ¿no?

Pero muchos padres no ven la ventaja. En EE.UU., muchos no entienden por qué hay que aprender más que el inglés. Afirman que si estudian las matemáticas en español las van a aprender peor que en inglés. Para empezar, no es cierto que se aprendan mejor las cosas en una lengua que en otra. En segundo lugar, los niños que dominan dos lenguas están mejor capacitados para entender las diferencias culturales. Pero, luego, hay una cuestión puramente biológica, que se empieza a entender cada vez más, y es que el cerebro gana en riqueza no sólo para las lenguas, sino también para utilizar ese tipo de estructuras en otras áreas cognitivas. Como padre no tengo ninguna duda, no le veo ninguna desventaja a que aprendan varias lenguas. Ahora, mi hija mayor dice que quiere aprender chino. Fantástico, ¿cuándo empezamos?

Fuente: DEIA

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