Voluntariado europeo o cómo hacer un “gap”

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La vida acostumbra a ser una sucesión de etapas. Una tras otra. Primero, el colegio; luego, el instituto; después, estudios superiores, de cualquier tipo,  y así sigue la vida encadenando trabajos hasta que a uno le llega la hora. Con más o menos vueltas, siempre permanece la idea del siguiente paso, lo que viene después: hay que seguir, sin detenerse.  Sin embargo, hay quien echa el freno. Al principio puede parecer raro, ¿quién querría dilatar en un año o similar su tránsito vital? Quizá tú.

Porque el asunto no es tan extraño. En países como Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda o Canadá es normal que los jóvenes, especialmente antes de comenzar la universidad, se tomen un respiro. Se conoce como gap year, e incluso hay empresas dedicadas a organizarlo. En otros países, como España, esta idea de año sabático es algo más reducido y circunscrito al ámbito laboral. Poca gente echa el freno antes de iniciar la universidad.

Ahora bien,  el gap year no es un año en blanco. No son 12 meses en los que esmerarse para moldear el sofá con nuestro trasero. No importa que se le llame paréntesis o búsqueda vital o como se quiera. El objetivo es aprender. Hay cosas que no enseñan las aulas, tampoco las oficinas, y el hecho de tener que salir, conversar, enfrentarse a nuevas situaciones, culturas y diferentes escalas de valores a las nuestras es una experiencia imbatible.

“Está bien, pero para tomarse un año de búsqueda introspectiva hace falta mucho dinero”. O no tanto. Todo depende de cómo se lo monte uno. Fuera de España es habitual coincidir con gente en trenes, autobuses, etc. que se dedica a recorrer Europa según las vea venir, durmiendo en casa de conocidos o trabajando de lo que encuentren. Aunque una de las opciones más recomendables es el voluntariado.

“¿Voluntariado?” Sí. El Servicio de Voluntariado Europeo es un buen ejemplo. Porque entre de los dimes y diretes del BCE, Merkel y el ahora destronado Sarko, Europa también se mueve.  Si queda claro que el gap year anglosajón no son unas vacaciones, ¿por qué no volcar nuestro esfuerzo en algún periodo de cooperación?

El voluntariado comunitario se enmarca dentro del Programa de Juventud en Acción. Gracias a él, jóvenes de entre 13 y 30 años se pueden beneficiar de experiencias de “educación no formal”. Crear redes de contactos, autosuficiencia o idiomas son algunas de las ventajas que te pueden aportar este tipo de programas.

Si bien ningún voluntariado está remunerado, la Comisión Europea financia todos los gastos surgidos por el desplazamiento del cooperante, así como la manutención, el alojamiento y el seguro. La duración de los voluntariados varía desde proyectos internacionales de 3 meses (por ejemplo, un verano) hasta estancias anuales.

Eso sí, para participar hay que ponerse las pilas. Es decir, cada voluntario debe buscar por su cuenta los proyectos y contactar él mismo con los responsables. Para ello tendrá que ponerse en contacto con la oficina responsable de cada Estado miembro; en España, el Instituto de la Juventud. Hay gran variedad de países y proyectos. Pero recuerda siempre que ser voluntario no consiste en tomar mojitos en la playa. Actúa con responsabilidad. Piénsalo, y si decides echar el freno, no lo dudes: Europa es tu opción.

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