V. M. GOMEZ
Depto de Sociología
Universidad Nacional de Colombia
Bogota, Septiembre 2009
2. Reducción del nivel etáreo de egresados del nivel medio.
Es importante señalar la menor duración de la escolaridad en Colombia (11 años) respecto a estándares internacionales de 12 años de escolaridad. Esta menor duración, aunada al ingreso temprano a la escolaridad (4 o 5 años de edad), ha producido una significativa disminución del nivel etáreo del cuerpo estudiantil que ingresa al nivel medio (grados 10 y 11). En éste hay una creciente participación de jóvenes de 13 y 14 años ingresando a grado 10 y egresando del nivel medio con 15 y 16 años de edad.
Esta reducción del nivel etáreo tiene dos importantes implicaciones.
a) La primera es la imposibilidad ética de inducción o especialización
prematura de niños de 14 y 15 años a escoger entre diversos programas de formación para el trabajo durante el nivel medio.
b) La segunda es el ingreso de un alto número de menores de 17 años a la educación superior, lo que en varias universidades ha generado importantes problemas de deserción, cambio de carreras, necesidades de educación remedial y de servicios de atención psicológica.
En Bogotá, por ejemplo, más del 20% de la matrícula en este nivel es de jóvenes menores de 17 años.4 Esta situación que es anormal dado que el nivel mínimo de edad para el ingreso al nivel superior en la mayoría de los países es de 17 o 18 años; genera dos importantes problemas:
a) En primer lugar, quienes no logran acceso a la educación superior se ven obligados a una difícil inserción laboral con menos de 17 años de edad y escasa o nula formación ocupacional, con consecuencias directas sobre el desempleo y subempleo de los jóvenes. Esta situación incide en
diversas manifestaciones de desadaptación y frustración en esos jóvenes.
Los bachilleres jóvenes tienen las mayores tasas de desempleo en Bogotá (29.7%). Esta tasa es aún mayor para bachilleres provenientes de estratos bajos (35.2%) (González y Bonilla :3).
b) En segundo lugar, la inmadurez socio-afectiva e intelectual de muchos menores de 17 años que logran ingresar al nivel superior, pero sin claridad en sus decisiones de áreas de estudio, lo cual incide
significativamente sobre las tasas posteriores de repitencia y deserción en este nivel. Conviene señalar aquí la alta tasa de deserción (48.2%) recientemente reportada en el nivel superior, estrechamente relacionada con el desconocimiento por parte de los estudiantes de las áreas de
estudio o carreras seleccionadas en el primer semestre.
4 “La matricula temprana en la educación media bogotana, entendida como la de todos aquellos jóvenes que estudian grado 10 antes de los 16 años o egresan del bachillerato antes
de los 17 años, es del 20.8%, es decir, que una quinta parte de nuestros bachilleres obtienen
título a una edad temprana”. (González y Bonilla, 2003:4).
En el 2005 el 15% de los admitidos en las cinco sedes de la Universidad Nacional tenían 15 años o menos y 20.9% tenían entre 16 y 17 años, para un total de 35.9% con 17 años o menos de edad (4.065 estudiantes). Esta proporción aumenta cada año. En el año 2000 los admitidos con 15 años o menos sólo representaban el 1.2% de los estudiantes admitidos (UN, 2006: 28). Este es un factor que afecta negativamente un importante conjunto de indicadores de la educación superior pública, que son de alta sensibilidad política: baja eficiencia interna, alta deserción, bajas tasas de graduación, alto costo relativo de estudiante graduado, etc.
Esta situación implica la necesidad de expansión de la escolaridad obligatoria a 12 años de duración, en congruencia con los estándares internacionales vigentes. “En los comienzos del siglo XXI, el reto de America Latina será ofrecer a cada joven entre 16 y 18 años una educación básica de 12 años. Esto significará, por tanto, abrir la educación secundaria a todos. Para aumentar la cobertura, reducir las desigualdades entre grupos sociales y, al mismo tiempo, mejorar la calidad, es necesario reformar
profundamente la educación secundaria, adaptándola tanto a las necesidades de los alumnos como a las de los paises. Para atender a las necesidades de una población estudiantil muy exigente, sumamente heterogénea, permitiendo a cada uno(a) explorar sus intereses y aptitudes con el objetivo de favorecer una inserción positiva y creativa en el mundo de los adultos, es preciso diferenciar el tipo de educación que se ofrece” (Caillods y Hutchinson, 2001:22).
El nivel medio también es de gran importancia en la igualdad social de oportunidades educativas. El logro de la secundaria completa -que en la mayor parte de los países tiene una duración de 12 años- es la nueva educación básica requerida para poder participar positivamente en la sociedad contemporánea y en el mercado de trabajo. Esto contrasta radicalmente con la política colombiana de definir la educación básica y obligatoria como sólo de 9 años de escolaridad, lo que, más bien, debe ser
considerada como educación ‘mínima’. Sin secundaria completa se inicia el camino de la exclusión social de los jóvenes, futuros ciudadanos y productores. Por tanto, el logro de la escolaridad universal en el nivel medio es condición básica en la igualdad social de oportunidades educativas, sin la cual no hay construcción de la sociedad democrática.
Este es el principal reto de la política educativa en Colombia: universalizar el acceso a y permanencia en el nivel medio en los próximos años a partir de tasas actuales de cobertura que oscilan entre 40% y 60% del grupo de edad según ciudades y regiones del país.
4 “La matricula temprana en la educación media bogotana, entendida como la de todos
aquellos jóvenes que estudian grado 10 antes de los 16 años o egresan del bachillerato antes
de los 17 años, es del 20.8%, es decir, que una quinta parte de nuestros bachilleres obtienen
título a una edad temprana”. (González y Bonilla, 2003:4).
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nataly sanchez