La vida acostumbra a ser una sucesión de etapas. Una tras otra. Primero, el colegio; luego, el instituto; después, estudios superiores, de cualquier tipo, y así sigue la vida encadenando trabajos hasta que a uno le llega la hora. Con más o menos vueltas, siempre permanece la idea del siguiente paso, lo que viene después: hay que seguir, sin detenerse. Sin embargo, hay quien echa el freno. Al principio puede parecer raro, ¿quién querría dilatar en un año o similar su tránsito vital? Quizá tú.
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