Quien quiere, puede

Cristina de DiosCristina de Dios
noviembre 8, 2010
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El viernes pasado amanecíamos con un triste noticia: el accidente de avión en Cuba que produjo ni más ni menos que 68 fallecidos. Ningún superviviente. El aparato que volaba desde Santiago de Cuba a la Habana perdió su rumbo, estrellándose, tras comunicar una situación de emergencia y perder la conexión con la torre de control.

Leí la noticia a primera hora de la mañana a través de twitter y me quedé impactada. No pude evitar recordar el accidente aéreo ocurrido en Barajas en agosto de 2008 donde perdieron la vida más de 150 personas por culpa de Spanair. Pudimos saber que en ése vuelo iban 20 niños y 2 bebés según la lista oficial de pasajeros. Se me pone la piel de gallina al pensar lo que pudieron vivir esas personas y la injusticia de perder, así, la vida y en esas circunstancias.

Lo que más rabia da es saber que se podía haber evitado. Como seguramente, también se podría haber evitado el accidente en Cuba. Aunque en esa ocasión, parece que fue por las tormentas tropicales características de la zona y época del año y no de un “fallo humano”.

Y ahora es cuando a uno le entran más miedo a volar que nunca. Cuando se siente inseguro y se la pasan miles de malos pensamientos por la cabeza.

Dicen que el avión es el medio de transporte más seguro que existe y no lo dudo… pero es cierto que si pierde el control, muy excepcionalmente saldremos vivos de ahí…

La suerte de salir con vida de un accidente así es inmensa. Casi tanto como los problemas psicológicos que puede collevar sobrevivir a uno de ellos. ¿Y cómo se supera eso? ¿Cómo se supera el miedo a volar? Sin duda, es mucho más complicado para aquéllas víctimas que han pasado por una tragedia así. La retina tiene que tener grabadas con tinta china las imágenes de lo sucedido… Y aquí la cosa es diferente… pero existen multitud de psicólogos y profesionales capacitados para la aplicación de terapias que solucionen el problema.

Independientemente de esto, muchas personas padecen esta fobia sin tener ningún tipo de trauma o vivencia dramática y tiene un miedo “irracional” al avión provocado por diversos motivos. Puede ser porque recuerdan accidentes mortales de aviones vistos en televisión u otros medios, porque se sienten vulnerables al viajar entre las nubes o porque no entienden la tecnología y funcionamiento del avión y les preocupa cualquier alteración o ruido, turbulencias, el aterrizaje, el despegue, maniobras… o incluso,  la carencia de control sobre el aparato en manos de un piloto que podría cometer un fallo humano les pone nerviosos.

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