Un mal ejemplo

Paloma MarínPaloma Marín
abril 8, 2010
COMENTARIOS

Robespierre. La muerte es el comienzo de la inmortalidad.

O de un viaje. Según se mire.
Y si no que se lo digan a Curt Willi Jarant, un anciano de 91 años que estuvo a punto de coger un vuelo el sábado pasado, a pesar de haber fallecido el día anterior.

Porque a esa edad uno no está ya para discusiones…y si tu mujer y tu hija se empeñan en subirse a un avión, pues uno se sube. Sin rechistar.
A ver si es que ahora estar muerto va a ser impedimento de nada. Menudas son.

Además, seguro que pasan desapercibidos…nadie tiene por qué enterarse. Sólo hace falta sentar el cadáver de Wili Jarant en una silla de ruedas, encasquetarle unas gafas de sol… y decir que está dormido, en caso de que a alguien se le ocurra preguntar.

Y así, en base a esta línea de pensamiento y a esta depuradísima técnica, se presentaban dos mujeres en el aeropuerto John Lennon de Liverpool, este fin de semana, dispuestas a embarcar a su pariente Curt rumbo a Berlín como si se tratara de un pasajero más.
¿Por qué no?

LEER MÁS